book#1 inmotion

dancemaker - natalia casais        

 

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En movimiento incorporal

Natalia Casais

Como en el espejo, en la cámara se reúnen en un entero ilusorio los fragmentos erráticos de lo que el sentido común designa como cuerpo. Así, convencidos de este cuerpo del acuerdo común, podríamos partir de la observación de las imágenes para poner atención, por ejemplo, en la materialidad de un esternón que recibe la espiral de la columna vertebral y lo orienta hacia arriba; en dos ojos direccionados asimétricamente hacia la izquierda con una leve inclinación hacia abajo; o en un tronco paradojalmente delgado y henchido en un contacto amplio con el suelo que lo sostiene y empuja resistiendo a la gravedad.

No obstante, si acaso fuera cierto que en estas fotos hay cuerpo, seguramente no es aquel del torso, los huesos, los órganos, ni siquiera el de la piel.

En un esfuerzo enrevesado de los sentidos que en cada fotografía se palpe ese inaprensible efecto que suscita la avidez de una mirada deseante recubriendo un cuerpo, bañándolo en su apetito por absorber la calidad singular, la manera inimitable de cada movimiento. Que se escuche la plasticidad de un cuerpo en su afán de articularse en consonancia con la gramática de las letras que lo convocan y lo convocaron, su intento de elastizarse para propagar infinitamente el eco de los rasgos distintivos, las ligeras fluctuaciones y los matices de aquellas voces que lo nombran y que, sin duda, alguna vez también lo nombraron.

Este trabajo, su marcha, su evolución y su subsistencia, no hace más que refrendar el acontecimiento de una convergencia incorporal. Celebra un encuentro sobrenatural, artificial; una misteriosa reunión de afinidades. Al dar sustancia al mínimo detalle genera la interlocución entre dos modos de abordar al cuerpo en su desborde de lo somático, en su exceso de lo natural. Mi amor y mi gratitud inagotable a Eduardo por ofrecerme su mirada amorosa, a la vez honda y sutil.

In incorporeal movement

Natalia Casais

As in the mirror, in the camera, the erratic fragments of what common sense designates as ‘body’ gather in an illusory whole. So convinced of this body of the common agreement, we could depart from the observation of the images to focus, for example, on the materiality of a sternum that receives the spiral of the spine and directs upwards; on two eyes oriented asymmetrically to the left with a slight downward tilt; or on a paradoxically thin and bloated trunk in a wide contact with the ground that supports it and pushes it up resisting gravity.

However, if it happens to be true that there is a body in these photos, surely it is not that of the torso, bones, organs; not even that of the skin.

In a convoluted effort of the senses, we should touch, in every photograph, the elusive effect aroused by the eagerness of a desiring gaze coating a body, covering it in its appetite for absorbing the unique quality, the inimitable manner of each movement. We should hear the plasticity of a body in its quest to articulate in line with the grammar of the letters that now call it and also once called it, its attempt to stretch to infinitely spread the echo of the distinctive features, slight fluctuations and tones of those voices that name it, and certainly once also named it.

This work, its progress, its evolution and subsistence merely endorses the event of an incorporeal convergence. It celebrates a supernatural and artificial encounter, a mysterious meeting of affinities. By giving substance to the minimal detail, it creates an interlocution between two ways of approaching the body in its overflowing from the somatic, in its excess from the natural. My love and endless gratitude to Eduardo for offering me his loving gaze, deep and subtle at the same time.